A veces observo puentes para imaginar mi suicidio, luego recuerdo que sé nadar y no moriría al caer. Quizás con algo de suerte podría golpear mi enorme cabeza llena de ideas retóricas en rocas. Caminemos, yo de un lado de la carretera y tú del otro, sin hablar, como si no haya nada que decir, luego terminaré escribiendo algo sobre ti, algo de “Demonios, hoy tuve el honor de no hablar mientras caminaba con alguien realmente inteligente”. O de “Me gusta agarrarte con algo de música, poniéndote audífonos sin importar que no quieras”.
Un poco de Irlanda o una película en mi cuarto, qué fácil es matar a alguien. No estoy seguro de que dios haya querido esto. Ni que quiera que no quiera saber de él. No importa lo que haga o lo que no haga, todo será una rutina, harta de esta; me concentraré más en que no debes gustarme, en que no me debes importar, en que… maldición, me gustas y me importas.
No sé escribir finales, quizás hasta cuando sepa algo de mi muerte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario