viernes, 24 de febrero de 2017

Para los ausentes


bajo mis escombros



No sé si es saliva o sangre pero se mueve sobre la corona de mis dientes. Quizás perdí el sentido del gusto, aunque nunca supe bien a qué sabía o qué se siente estar apunto de morir. Han pasado quizás cinco minutos y la rodopsina aún no se ha regenerado lo cual me hace pensar en que quizás perdí la vista. 

Quizá no tengo reacción natural al peligro, así que me dejé estar. 

Probablemente hayan pasado dos horas y el polvo ya se encargó de hacerme daño por dentro, siento que mi corazón se empeña en seguir latiendo. Se mueve por encima de toneladas de cemento y mientras se mueve sigue cayendo polvo y sigo respirando. Es queja. No puedo moverme, al principio solo sentía un hormigueo en mi brazo, ahora ya no siento nada, y puede ser por mi posición o es algo más que perdí. Pasó de repente. Me bañé. Me vestí. Me peiné. Me vi al espejo. Estaba segura de que estaba lista para ir a trabajar, pero tenía veinte minutos más para salir así que me acosté en la cama que todas las mañanas sin olvidarlo, tendía. Porque todo son memorias de mis padres. Haz esto, haz aquello. Y es que a eso estoy acostumbrada. A obedecer. A hacerle caso a las reglas y sino un reglazo. Y sí, medicina era mi futuro. Ocho años y directo al consultorio. No es mentira que no dormimos, porque en este país prefieren a un profesional cansado, aunque también puede ser problema del ego de tener un título. 

Estoy segura de que escuché tractores o camiones, al parecer han actuado relativamente rápido. Son diez horas según lo deshidratada que estoy. Se me acabó la saliva o sangre, sigo sin saber qué tengo en la boca además de tierra, las ganas de ir al baño ya no están y como no siento nada, creo que quizás me oriné encima. Acorté el tiempo de deshidratación cuando lloré hace media hora pero ya no importa, de hecho cuando me acosté antes del terremoto preferí beber gaseosa antes que agua así que si muero ocho horas antes de lo previsto es culpa de mis decisiones. Sentí que movían algo afuera. Ya nadie grita, así que escucho con detalle todo a mi alrededor. Tan temprano y mis vecinos le dicen al ladrón que no robe, o a la tierra que no tiemble. Pero es necesario, es necesario que tiemble y que robe porque así nos diferenciamos de los que no cambian un pueblo con un terremoto o de los que arrebatamos cosas o vidas como los ladrones y los doctores. Estoy tan abajo de todo que ni siquiera; después de dieciséis horas, he intentado gritar, hablar, quejarme, toser o moverme porque por ahí si lo hago me descubren. Esto me confunde, no estoy segura si quisiera que me encuentren por más atrapada que esté, aunque me encantaría que vengan a buscarme sin tener que pedirlo. 

Qué bueno que no tuve hijos. Qué bueno, porque todo ocurrió a la hora en la que hubiera pretendido que vean la televisión y luego a dormir, porque acá en la costa hay clases y sí, tal vez estudiarían en la mañana para que la tarde sea de nosotros. Esto solo me recuerda a que también soy hija y ni siquiera en veinticuatro horas, pensé en mis padres. Pero después de muertos no les ha de importar que la tierra tiemble si no es por mí, después de ellos no sé si importaría un título o hijos que no vayan a conocer. Hice mi primer movimiento. Giré la cabeza a mi derecha y abrí los ojos y no, no estoy ciega. Siempre pude ver, pero mis pestañas pesaban más que mi casa entera. Dos pisos para mí sola. Un jardín que no cuido. Dos cuartos que no lleno. La idea de una piscina que está vacía. Un techo que no me cubre. Siento veinte mil dólares que no comparto y una vagina que no uso. Lo que pasa es que si me levanto y salgo de aquí, vuelvo al trabajo y no a la normalidad. Si salgo me he de encontrar con seiscientos cincuenta y nueve cuentos diferentes, según lo que el gobierno quiere contarnos. Realmente no sé si quiero salir y escuchar gente atrapada como yo, porque seguramente la están pasando peor, porque por lo menos mi celular vibra, mi corazón golpea y sigo respirando, polvo. Tuve la intención de mover más que mi cabeza, pero no funcionó. Ya no sé cuánto pasó, pero escucho que mis vecinos abuchean a algún representante del dinero robado que pretendía ayudar, que incluso después de que vidas se fueron, él quería seguir quitando, pero de manera menos directa, claro.

Me he desmayado cinco veces y mi estómago empieza a sonar más fuerte que los camiones que se llevan un poco de lo que viví allá afuera. Mis labios tienen uno o quizás dos milímetros de piel seca. Mis lágrimas se secaron en el lago que está debajo de mis ojos. Mis mejillas están lo suficientemente frías como para necesitar un beso y debería preocuparme porque en esta ciudad no necesito cocina para freír un huevo, pero sí necesito una heladera para que mi agua esté a temperatura ambiente, también necesito dos aires acondicionados en mi cuarto pero esto es realmente lo peor de mí. En serio. Lo primero que pensé mientras la tierra estaba furiosa era en cuánto podrían demorarse en hacer que el internet funcione de nuevo, y ni eso, lo peor de mí es que no me arrepiento de pensarlo ni de haberme quedado en cama tanto tiempo.

Ha pasado una semana y hace una hora me levanté. Me lavé los dientes y comí galletas. Me ausenté en la ausencia del agua y mi falta de sed. Sobreviví a siete días encerrada en mi cuarto. Se robaron quizás toda mi comida, de hecho, mejor, porque sino se hubiera vencido igual. Entraron a mi casa y la televisión no está, porque no la veo. Mi equipo de sonido tampoco, porque no lo escucho. Salí de lo más normal que tuve en treinta y cinco años y volví al trabajo porque hace siete días no me hubieran pagado por salvar vidas.


Jean Carlo Loor







Inspirado en los treinta y cinco años de Verónica Llerena. Ciudadela Los Mangos, Portoviejo.

martes, 17 de marzo de 2015

El tipo

Soy el tipo que no puede estar triste. Del que te fías y te arrepientes.
Soy el tipo de blanco que no va con el negro. Soy el tipo de  rosa masculino, que todo hombre envidia. El que prefiere el blanco porque te hace ver menos delgado que el negro.
Soy el tipo de salsa que no le hechas a cualquier cosa, amargo. Siempre en tu alacena o refrigeradora, porque no expiro. Y si expiro, no importa. Porque puedo servirte hasta para lanzarme por la basura. 
Soy el tipo egoísta y mezquino, que solo ve para el resto y no para él. Al que se le prohíbe estar triste, porque la felicidad es la respuesta. Porque Felicidad es mejor que sentirte como quieres.
Felicidad sin comillas para que no sea tan obvio que no me agrada.
Soy el tipo que se deja agarrar el hombro luego de brindarte cordialmente la mano. Y el tipo de cuaderno que rechazas por su pasta; pero, también salí de un árbol. También me cortaron como a uno y me deshojé casi igual al cuaderno que preferiste. 

Yo soy el tipo que no imaginas, al que le crees todo, porque soy el tipo que no miente.

miércoles, 11 de junio de 2014

Algo de suerte

A veces observo puentes para imaginar mi suicidio, luego recuerdo que sé nadar y no moriría al caer. Quizás con algo de suerte podría golpear mi enorme cabeza llena de ideas retóricas en rocas. Caminemos, yo de un lado de la carretera y tú del otro, sin hablar, como si no haya nada que decir, luego terminaré escribiendo algo sobre ti, algo de “Demonios, hoy tuve el honor de no hablar mientras caminaba con alguien realmente inteligente”. O de “Me gusta agarrarte con algo de música, poniéndote audífonos sin importar que no quieras”.
Un poco de Irlanda o una película en mi cuarto, qué fácil es matar a alguien. No estoy seguro de que dios haya querido esto. Ni que quiera que no quiera saber de él. No importa lo que haga o lo que no haga, todo será una rutina, harta de esta; me concentraré más en que no debes gustarme, en que no me debes importar, en que… maldición, me gustas y me importas.
No sé escribir finales, quizás hasta cuando sepa algo de mi muerte.

sábado, 7 de junio de 2014

Ya no te quiero ver por aquí

La canción más triste se llama 'Ya no te quiero ver por aquí'. Quiero compartir con ustedes esta canción, porque ya no la quiero escuchar, ya no la quiero vivir. Es probable que la hayan escrito para mí pero la sigo ignorando porque nadie te quiere más como yo a tus espaldas. Nadie quieres más de ti que yo.

jueves, 29 de mayo de 2014

Si mueres, te acompaño.

Si te caes, me acuesto a conversar contigo.
Si lloras, pongo mis labios de esponja.
Si me quieres, te quiero y si no, también.
Si ríes, te abrazo y río contigo.
Si gritas, escucho.
Si caminas, vuelo.
Si duermes, te cuido.
Si mueres, te acompaño.

miércoles, 9 de abril de 2014

martes, 8 de abril de 2014

Incorrecto lo correcto

Antes de empezar a leer, es necesario que al terminar el párrafo te encuentres en el lugar más cómodo posible. Si lees esto por inercia pues buena suerte. En caso contrario, bienvenido. 

Mira alrededor, no importa lo que haya. A la primera persona del sexo opuesto que te hayas detenido a ver, ¿crees que podría ser la correcta?, antes de responderte también necesito que vuelvas a ver alrededor y te detengas en la primera persona de tu mismo sexo, entonces, ¿por qué no podría ser esta la correcta?
Esto no significa que seas infiel en cualquier tipo de aspecto, eres libre de ser y creer lo que eres y crees. Si no te respondiste ninguna de las dos preguntas que te plantee, ¿qué buscas?, mi intención no es confundirte sino aclararte que eres bienvenido, de nuevo, a lo que yo soy y creo.

jueves, 14 de marzo de 2013

De aquí, hasta en donde no estés.

De todos modos ya me sentía muerto, sin nada, con todo encima de mí. Con nada dentro. 
No sé por dónde empezar, si desde el principio o cuando ya todo estaba acabado. 
Probablemente y muy seguro de todo, nunca empezó nada. Quizás yo me entrometí en lo que ya estaba pasando,
si ya todo comenzó sin mí, por qué iba a terminarlo yo. Qué, quién y de dónde era yo en ese momento.
Canciones, momentos, we found each other in the dark, tú, no sé si yo, pero probablemente nosotros.
En mente de mucho, en hechos de nadie. Ya no sabemos que nos toca, si hacemos mal, o hacemos bien… Bueno, a quién engaño. No hay nosotros, ni hacemos, ni nada que nos involucre a los dos, a menos que hablemos de lo que pienso, ahí en todo momento te encuentras, ahí eres tú conmigo.
No quiero más canciones de protestas, ni versos que te piensen o que se hayan escrito para ti, es solo coincidencia, tú existes, yo no, esto se escribe solo.

domingo, 10 de marzo de 2013

Cigarrillos y café

Ella quién más, no solo mujer, sino fuente de inspiración.
Ella que no sabe quién es, ni sabe por qué es lo que no sabe,

pero sé que de algo está segura, está segura que vive una vida insegura.
Ella que pide estar con alguien, la soledad quizás, alguien que la llene.
Pero ¿Qué la llena? ¿Algo de comida? ¿Cigarrillos y café?
Ella recibe cariño y cariño ¿Dónde estás?
Ella que no sabe de dónde salen preguntas, preguntas con su respuesta,
preguntas que no sabe responder porque la soledad no la deja leer,

aquella pregunta soy yo ¿Dónde estoy? ¿Por qué no me respondes?
Ella, yo, incógnitas..
— ¿Qué quieres de mí?
— No quiero nada de ti, te quiero a ti.
— ¿Qué quieres de esto? ¿Queda algo?
— Quedó un “Nosotros”, quedamos los dos. 

jueves, 7 de marzo de 2013

Recuérdame

Recuérdame, no solo en momentos felices, no solo en momentos tristes.
Recuérdame por momentos, para que tu felicidad sea una sola con la tristeza,
para que pueda hacerte sonreír con una lágrima, para que pueda hacerte llorar
con una sonrisa.
Recuérdame, que los recuerdos son eternos, como el eterno invierno; eternas
brisas sobando tu delicada piel.
Recuérdame cuando te recuerde, recuerda que te recuerdo.
Recuerda que cuando te recuerden serás eterna, recuerda que los pensamientos
no se borran, solo se pierden.
Recuérdame, que por lo menos así estoy en tus pensamientos.
Recuérdame, que yo te cuido.
¿Recordarte? ¿De qué sirve?
Recuérdame, que así soy alguien, recuerda que te sirve para recordar cuando
te sentías bien.
Recuérdame, que así me alimentas, así te escribo.
Recuerda que no solo eres rima, prosa o verso.
Recuerda que eres un recuerdo plasmado en letras.
Recuérdame, porque cuando me pediste que le grite al mundo que te amo,
te lo dije al oído.
Recuérdame, que solo soy recuerdo, que solo para eso sirvo.